Las cuestiones de fe dominan la corte. Cuando la pequeña princesa Isabel es bautizada, el “Acta de Sucesión” es invalidada declarando que únicamente los hijos de Enrique y Ana son legítimos sucesores al trono inglés. Se proclama una ley donde todo súbdito real debe jurar, so pena de muerte, reconociendo la validez del nuevo matrimonio del rey y la supremacía de Enrique VIII en todos los asuntos.